Las Pampas de La Joya

Las pampas de La Joya se extiende hacia el oeste de la ciudad de Arequipa a una distancia aproximada a los 65 kilómetros, ubicándose a una altura que va entre los 1169 a 1665 metros sobre el nivel del mar, se presenta

n como una planicie ligeramente ondulada, compuesta de salitre, cantos rodados, cascajo, piedra y arena.

Las pampas de La Joya, terreno abrupto, se encuentra entre Arequipa y el mar, los valles de tambo, Vítor, Quilca, Siguas, y las provincias vecinas. Las pampas del Confital, de Azúcar, de Huagri, Catarina, del Fiscal, Ratonera, Cenizal Joya, Cruz de Piedra, del Muerto, La Joya, del Tesoro, Salinillas, Infiernillo, San José, Repartición, Ramal y de Vítor, forman las pampas de La Joya.

Una característica de las pampas es la presencia de médanos o dunas, montículos de arena en forma de media luna o cuarto creciente, que se mueven, debido a los vientos, hasta 15 metros al año.

La mitad norte de las pampas está cubierta de médanos y de piedras rotas, esparcidas. La mitad sur no tiene médanos ni piedras, pero presenta un tinte rojizo, debido a los cristales de cuarzo ferruginoso, en forma de cubos irregulares, de cerca de dos milímetros de lado

El clima es de tipo desértico (cálido y seco) y la temperatura anual media es de 18 grados centígrados, con fluctuaciones importantes entre los 10 °C a 35 °C. Predominan los vientos alisios, que en el día se desplazan de sur a noreste, y de noche de norte a sur, la velocidad más predominante, se da de 4 a 6 am. Las pampas de La Joya, eran pues, un paso obligado de viajeros y caravanas con productos, que se trasladaban a la ciudad de Arequipa para su comercialización. 

Hacer un viaje por las pampas era incierto, ya que no existían rutas fijas, dado que los fuertes vientos se encargaban de borrar cualquier huella dejada por intrépidos caminantes  que hacían su propia ruta, siguiendo su instinto de viajero.

Atravesar las pampas de La Joya era un riesgo demasiado grande, ya que la travesía se realizaba en dos jornadas, el o los viajeros estaban expuestos a extraviarse, en la inmensa llanura, a los asaltos de los bandidos que vivían del pillaje. Viajar de día, era desafiar al astro rey, quien inclemente enviaba sus rayos solares inmisericordes y sin contemplaciones, que muchas veces hacía desvariar al más atrevido viajero e incluso haciéndolo sucumbir, y por la noche al soportar el intenso frío de las llanuras y del viento o a perderse en una noche sin luna. 

Era pues terrible el trasponer las Pampas de La Joya, pero había que realizar la travesía y correr el riesgo, ya que se vislumbraba un horizonte de progreso y comercialización en Arequipa, formando como paso obligado, lo que ahora es La Joya (capital), antes Estación de Vítor (antes Morrillos), donde había zonas de descanso o tambos, ya que de allí empezaba otra jornada a bestia hacia la ciudad de Arequipa, siguiendo los pasos obligados de los antiguos caminos de herradura que pasaban por la Caldera del Diablo y por Quishuarani, esta última después vino a ser la carretera antigua; los ingresos se hacían desde el valle de Vítor por Cuesta de Gallinazos y Mocoro

Fuente:
Texao, Fascículos 4 y 5
Revista Irrigación La Joya, 1989
Revista Bienvenida La Joya, mayo 1997
Revista ESCOCIA, Año I, N° 5 del 28 de junio de 1928

 

La Irrigación de La Joya

A petición expresa del Presidente del Perú, don Augusto B. Leguía en 1925, Carlos W. Sutton realiza los estudios de nuevas irrigaciones, comprendida entre ellas la Irrigación de La Joya.
Ya por el año 1932 siendo Presidente del Perú el general Sánchez Cerro, y una vez aprobado el proyecto, dispone la ejecución de las obras de la irrigación, siendo encargado como jefe del proyecto el ingeniero Félix Gilardi, el mismo que realiza los estudios definitivos, y pone en marcha la gigantesca obra de la Irrigación de La Joya un 8 de marzo de 1933.

Mil obreros al mando de destacados ingenieros y administradores ejecutan el trabajo de perforación de once túneles, construcción de la bocatoma, del canal madre y laterales hasta 1938.

Paralelamente al avance de las obras, se van realizando por 1937 las inscripciones de los que vendrían a ser los pioneros agricultores de La Joya.

Mediante D.S. Nº 33 del 25 de abril de 1939, el presidente, general Oscar R. Benavides dispone la venta de los terrenos, comprendidas entre las pampas de Vítor, Ramal y San José, alcanzando a un total de 1200 hectáreas. La venta se realiza en tres etapas.

Son 300 los favorecidos, entre los que se encuentran 50 trabajadores y obreros del proyecto que por el buen desempeño en las obras son beneficiados.

Mediante Resolución Suprema 279 del 3 de julio de 1942 resuelve la adjudicación de los lotes de las pampas de Vítor y del Ramal. La Resolución Suprema 225 del 19 de mayo de 1945, hace referencia que de las seis mil hectáreas de la Irrigación de La Joya, comprendidas entre las pampas de Vítor, Ramal y San José sólo se han adjudicado 3 498,8821 Ha. y de que no se disponía de agua para continuar la adjudicación y se desestimaba el pedido hecho por Antonio Delgado Vivanco, quien pedía adjudicación sin sorteo y a venta a plazos de 300 hectáreas de terreno. Siendo esta resolución la definitiva para no tramitar peticiones análogas.

Setiembre de 1939, llegan los colonos procedentes de Chiguata, Sabandía, Characato, Socabaya, Polobaya y otros distritos de Arequipa, hombres de experiencia en el trabajo agrícola, quienes solos y sin ayuda técnica ni crediticia, y en una verdadera conquista de la tierra, se encargan de vestir de verde a las pampas áridas que encontraron, revolucionando de esta forma el agro en el sur y en todo el Perú. La Irrigación de La Joya desempeña un rol importante en la agricultura y ganadería en el país.

Se incrementa las áreas de terreno de cultivo, con las ampliaciones de San Isidro en 1967, San Camilo en los años 1971 y 1972, La Cano.

Hay futuras irrigaciones, tanto las promovidas por el Estado como las particulares, las que no se ejecutan por la escasez del recurso hídrico y por la inadecuada y anticuada infraestructura de riego que no soporta más volumen de agua

Fuente:
Revista Bienvenida La Joya, mayo de 1997
Revista Irrigación La Joya, 1989.